Enfrentamientos en pareja: de qué forma evitarlos?

Los enfrentamientos en pareja, aunque son lacerantes ofrecen una ventana a las conmuevas de los 2: sus defraudes, esperanzas, fortalezas y debilidades. Si eres con la capacidad de llegar a conocer estos enfrentamientos desde la entendimiento de las profundas emociones que mueven a cada uno de ellos, y no con el objetivo de culpar y localizar fallos al otro, podrás estudiar más sobre ti y tu pareja, y de vuestra interacción.

Esta comprensión y entendimiento en los momentos de conflicto, deja apreciar a el resto de manera más completa, empática y honesta, y te puede llegar a inspirar compasión o inocencia el punto de vista del otro. A través de este comprensión, asimismo se puede obtener una visión que reducirá los conflictos, quizás aun te permita reírte de ellos, en ocasiones. La entendimiento y la inocencia y la compasión mutua y una mayor perspectiva de los conflictos pueden llevarte a aceptar los sentimientos y el accionar del resto, lo que paralelamente deja romper los círculos viciosos de las discusiones, y desacuerdos , o al menos dejará volver como estaba de esos conflictos mucho más rápido.

Al menos, el desarrollo de investigar y debatir las diferencias y enfrentamientos en una atmósfera de aceptación fomentará una mayor tolerancia entre la pareja; y en el mejor de las situaciones, puede prosperar la intimidad de exactamente la misma. El conflicto da no solo la amenaza de la alienación sino asimismo la posibilidad de intimidad. Cuando la aceptación es lo primero, allana el sendero para el cambio. En el momento en que tu y tu pareja experimentáis una mayor aceptación mutua, vuestra resistencia al cambio de manera frecuente se disuelve. Posiblemente estéis mucho más libres a la adaptación entre nosotros, y a acomodarse de manera que se reduzca el conflicto. Es posible que os podáis hacer llegar mucho más precisamente, negociar y resolver problemas de manera mucho más eficaz ya que ahora el otro no es tu contrincante.

Los desencadenantes de un enfrentamiento son siempre exactamente los mismos:

  • La crítica o el ataque verbal
  • Solicitudes que el otro recibe como injustas
  • Molestias que se repiten y acumulan
  • Rechazo de los gestos del otro

En la situacion de una crítica, una demanda injusta y una molestia acumulativa, son las acciones de la pareja las que ofenden. En el caso del rechazo, es la falta de contestación de la pareja lo que conduce al conflicto. Sin embargo, cuando tales eventos suceden repetidamente, nos volvemos  más sensibles a esos desencadenantes, tal es así que con el tiempo se necesita cada vez menos provocación para iniciar un enfrentamiento.

En la situacion de los conflictos, somos muy conscientes de las acciones perjudiciales o los defectos de nuestra pareja, pero consideramos que nuestro accionar hiriente es sencillamente una reacción a las afrentas del otro.
En el momento en que explicamos nuestras acciones poco deseables en un conflicto, tendemos a mirar hacia fuera de nosotros mismos. Creemos que la presión o los desagradables comentarios del resto nos han provocado para realizar lo que hicimos. Nuestros ojos y oídos están dirigidos al planeta exterior, con lo que somos muy conscientes de las presiones ajenas que nos afectan y también influyen en nuestro comportamiento. Pero cuando enseñamos las acciones del resto, normalmente procuramos causantes dentro de ellos, como sus rasgos de personalidad, o sus defectos.

Cuando surge un conflicto, normalmente no tenemos suficiente con estimar al otro culpable sino más bien  que además requerimos que el otro confiese su culpa, y admita que es egoísta, o que nos ha faltado al respeto, o lo que sea pensamos que haya hecho. También necesitamos que nos prometa que va a cambiar. Y si todo ello sucede, podemos pasar página serenamente.

Ya que creemos que solo reaccionamos a las provocaciones de nuestra pareja, que tenemos en cuenta como el villano, y nosotros tendemos a asumir el papel de víctima.

Sin embargo, debemos meditar que en el momento en que aparece un enfrentamiento, nosotros asimismo formamos parte de el, y somos cómplices del mismo, de alguna manera. Es muy útil que nos preguntemos:

Qué dice este inconveniente de mi?

La guerra de acusaciones

Si no explicamos al otro exactamente en qué se confunde o que defectos tiene, no lograremos que cambie jamás. Precisa entender dónde falla. Pero todo lo que para nosotros es verdaderamente una explicación, para nuestra pareja suena a acusación.  Cuando nos sentimos atacados sólo pensamos en defendernos o en agredir asimismo.  Así que el camino de los asaltos termina en una batalla de acusaciones.

Qué podemos hacer para evitar la guerra?

comunicacion en pareja

Si nos calmamos y elegimos un buen momento para hablar con nuestra pareja, y le enseñamos nuestro punto de vista, intercalando comentarios positivos con los negativos, emitiendo mucho más que juicios críticas, comentando siempre con respeto, cariño y compasión,  va a ser más probable que nos escuche. Tenemos que estar dispuestos asimismo a percibir su opinión y sus protestas, ya que para el otro, nosotros también hemos fallado.

Trucos comunicativos para mejorar la relación con los adolescentes

Vamos a ver cómo “manipular” a nuestros hijos adolescentes  para conseguir  vivir todos contentos y contentos.

1. Redefinir o reestructurar

Hay ocasiones en las que desposeer al otro de lo que siente, redefiniéndolo de manera estratégica, puede ser una óptima estrategia de solución incluso para problemas complejos.

Observemos la situacion de un adolescente rebelde, ante el que los padres por el momento no saben qué realizar, están agobiados. Las explicaciones, sermones, castigos y culpabilizaciones han resultado completamente ineficaces. Se dieron cuenta de que cuanto más se le castiga y riñe, más intensifica el jóven su accionar rebelde y desafiante. Es entonces cuando los padres, y con la ayuda de una sicóloga, deciden reestructurar  o redefinir el comportamiento de su hijo para quitarle la connotación de rebeldía y lo ponen en un marco diferente y precisamente indeseable para el muchacho.

Una noche llaman al hijo y le comentan que por la tarde han ido a ver a una sicóloga buenísima, experta en conducta de jovenes. Esta profesional les ha explicado que él de todos modos no es maleducado ni rebelde, sino padece una profunda angustia existencial pues se está haciendo adulto y está perdiendo la seguridad de la infancia. Le comentan que toda vez que él, como adolescente, se subleva en realidad está pidiendo inconscientemente atención y protección a los padres, quienes, consecuentemente, van a deber dejar de castigarlo y mostrarse amorosos y protectores con él, hasta la saciedad. Habrán de estar encima de todo cuanto hace, con bastante cariño, tal y como si fuera un niño pequeño. En el momento en que este género accionar en la relación entre progenitores e hijos se vuelve extendida y redundante, disfrazado de atenciones permanentes y declaraciones de amor por parte de los progenitores, estamos ante un guion decididamente disfuncional para los hijos: la hiperprotección.

Hablamos de esas ocasiones en que los progenitores terminan ocupándose y preocupándose de todo lo que perjudica a la vida de su hijo adolescente. Le ayudan a que su vida sea lo más simple posible, muchas ocasiones estudiando con él, intentando de eliminar todas y cada una de las dificultades, incluso los problemas con los amigos, y hasta intervienen de forma directa haciendo las cosas en su sitio por no haber comprendido que todavía era «pequeño» y los necesitaba, y de este modo lo someten a la comunicación: «Entendemos mejor que tú lo que deseas decir cuando te rebelas: no es porque te sientas adulto, sino por el hecho de que todavía te sientes un niño». Desposeído del concepto de su sentimiento, el hijo sabe ahora que, si sigue rebelándose, los padres pensarán que es un niño frágil e inútil, exactamente lo opuesto de lo que deseaba manifestar con su comportamiento. La única forma posible de que los padres reconozcan en él un sano deseo de autonomía pasa por dejar de desafiarlos y buscar otras vías de comunicación elecciones, que dejen a los padres reconocer su instante de desarrollo hacia la edad avanzada.

2. Aumentar la autoestima y la seguridad de tus hijos

Muchas veces los padres los progenitores no utilizan esta estrategia para redefinir la rebeldía, sino son verdaderamente hiperprotectores con sus hijos. No son conscientes de que los años pasaron y los jovenes no sólo por el momento no les necesitan como antes sino que necesitan llevar a cabo las cosas por sí mismos. Los hijos de progenitores hiperprotectores acostumbran a tener la autoestima baja, poca seguridad en sí mismos, y de ahí que, los problemas cotidianos les pesan exageradamente.

autoestima adolescentesHemos de entender que cuando se hiperprotege, los hijos reciben un mensaje doble: por un lado se les transmite: «Lo hago todo por ti por el hecho de que te quiero», pero al mismo tiempo, se transmite una descalificación sutil e inconsciente: «Lo hago todo por ti por el hecho de que tú solo no puedes» Y este segundo mensaje ayuda transcurrido un tiempo a conformar y a dar de comer la sensación de incapacidad y la baja autovaloración en los elementos de estos adolescentes, que de manera frecuente acaban construyendo auténticos problemas psicológicos El antídoto contra la hiperprotección es dejar que los hijos, avanzando de a poco, se encaren a las dificultades de la vida real y reciban de manera directa esos pequeños golpes que los hacen mucho más fuertes y les dejan ir asumiendo de forma gradual las responsabilidades de sus resoluciones. La autovaloración se conquista por medio de las vivencias personales, superando pruebas con los propios elementos, y no nos la tienen la posibilidad de proporcionar los otros. De modo que, frente al adolescente inseguro que pide constantemente seguridad y consejos a los padres, en lugar de proseguir dándole respuestas, se le puede preguntar: «¿Y tú qué crees? ¿Tú qué harías? En circunstancias afines me ha sido útil hacer esto, pero no sé si a ti también podría servirte», «Estoy convencido de que hay otras alternativas, observemos si juntos las podemos encontrar» son formas de contribuir a los muchachos a medrar sin decidir por ellos y sin imponerles nuestra visión de las cosas

Debemos vigilar la inclinación espontánea de varios progenitores a representar frente sus hijos el papel de personas infalibles, que lo saben todo y conocen la forma «adecuada» de confrontar a la vida, en lugar de plantearse como guías capaces de indicar probables elecciones. Estos progenitores saben ahora cuál es la contestación adecuada y creen que dársela al hijo es la mejor manera de asistirle a crecer.

Crear todos los días una pequeña prueba para que tu hijo la supere es algo que les va a ayudar verdaderamente. Dejar que sea el hijo el que decida lo que significa o realizar siempre es la mejor opción, puesto que las soluciones que él mismo halla son las que tienen mucho más opciones de ser llevadas a la práctica.

En realidad, como vimos, esta manera comunicativa y relacional corre el peligro de crear guiones de dependencia o de contradependencia.

Además de esto, para trasmitir nuestros valores, no es necesario imponerlos como reglas, es suficiente con mostrarlos como ejemplo: si la relación que hemos construido está basada en la autoridad mucho más que en el autoritarismo, esos valores van a ser asimilados y adoptados espontáneamente por nuestros hijos, pues reconocerán su bondad en nuestras actitudes más que en nuestras palabras.

3. Escucha empática y activa

Entender oír a tu hijo joven promoverá la comunicación entre nosotros y te permitirá comprender considerablemente más sobre él. Si percibe tu interés al tiempo que no se siente juzgado, podrá explicarte, sin reparos, todo lo que le pase o lo que le preocupe. La escucha empática y activa revela al otro que entiendes lo que te cuenta y asimismo lo que hay detrás: sus ideas, sus sentimientos y sus pensamientos.escuchar adolescentes

¿Y exactamente en qué se traduce esto de escuchar activamente a tu hijo?

  • Mírale a la cara, préstale atención con tu cuerpo para que le quede claro que te interesa.
  • Escucha de verdad lo que te afirma, sin desconectar y pensar en tus cosas.  Asiente, tócale, demuestra que estás conectado a su alegato.
  • Muestra empatía reflejando sus sentimientos. “Vaya, eso te va a haber molestado bastante” o “Noto que estás muy orgulloso de ti”.
  • No rellenes sus silencios con tus expresiones. Si deseas decir algo vale con un “ahhh, ummm…” o puedes sintetizar o parafrasear lo que ha dicho, a fin de que vea que le sigues en lo que te está contando.
  • Dale tiempo a fin de que te cuente, sin desplazarte impaciente o hacer otra labor al unísono.
  • No le propongas tus resoluciones o le des tu opinión si no te la solicita,  igual solo quiere contártelo para desquitarse.
  • Deja que llegue a pensar sus resoluciones. Que como progenitores nos impacientamos cuando creemos que nuestro hijo padece y buscamos enseguida que haga lo que creemos que debe realizar.
  • Deja tu móvil lejos y no respondas si suena. Haz evidente que él es más esencial que otras distracciones en ese momento.

4. Recibir bien las buenas novedades

Está probado científicamente que es más amenazante para la relación no saber recibir bien las buenas novedades del otro que no apoyarle en los malos momentos.buena relación adolescentes

En el momento en que el adolescente comunica lo que para él es una buena noticia, tenemos que poner en práctica la escucha empática, y eludir los “peros” y la reprobación.

La reprobación crea a la vez sentimiento de culpa, descalificación y enfado en nuestro interlocutor. Esta técnica consiste primero en felicitar al otro y valorarlo, y también inmediatamente después afirmar que podría haberlo hecho mejor, o más, o que lo que hizo no es suficiente.

 

 

Dudas y obsesiones que me duelen

A veces, especialmente cuando estamos ociosos, un pensamiento nos ocupa y no tenemos la posibilidad de desprendernos de él. Y cuanto más tratas de quitártelo de la cabeza más se queda y más difícil es sacárselo de encima. Resulta paradójico. Y sucede que, pensar demasiado hace daño, mucho daño.

Este género de pensamientos es muy intrusivo, y en ocasiones llega a hacernos mucho daño, puesto que, o el pensamiento trata de cosas que nos hacen sufrir, cosas que nos duelen, recuerdos o hechos del pasado, o son cosas que nos preocupan del futuro.

Cuando hace aparición un pensamiento que nos preocupa, acostumbramos a poner en marcha varias soluciones para desprendernos de él:

  •  Intentamos de rechazarlo intentando supervisar las sensaciones, conmuevas y respuestas fisiológicas. En general son pensamientos sobre temores que acaban incapacitándonos, adquiriendo la manera de fobia, ataque de pánico o hipocondría.
  • Procuramos rechazarlo anulándolo, hacemos esto con que no nos perdonamos, algo que no ha ido como esperábamos… (son el origen de traumas, duelos y pérdidas).
  • Lo rechazamos tratando hallar respuestas tranquilizadoras. Solemos hacer esto con problemas que son irremediables: “¿Qué hubiese pasado si hubiese hecho..?”, “¿Voy a ser capaz de..?”, “haga lo que haga lo haré mal o voy a estar equivocada”, “tengo que estar completamente seguro antes de…”, “de todas y cada una formas eres culpable”. Son las llamadas dudas obsesivas, una tipología de la obsesión.
  • Intentamos de aceptarlo, dejándolo pasar, a fin de que como viene, se vaya.

Las tres primeras soluciones son malas opciones por el hecho de que todas nos llevan indudablemente a que el pensamiento continúe con nosotros y por consiguiente lo pasemos mortal y suframos. Es en el momento en que estos pensamentos se transforman en una duda obsesiva.

LA DUDA OBSESIVA

El pensamiento es algo espontáneo que no tenemos la posibilidad de controlar, pues aparece sin más ni más. Si peleamos contra él, se va a quedar en nuestra cabeza invadiéndonos regularmente. Porque tratar de no pensar es pensar todavía más.

Si, además, ese pensamiento nos plantea una duda tras otra, vamos a deber comprender que si nos damos respuesta a la primera de las inquietudes o interrogante que se muestre en nuestra cabeza entraremos, sin remedio, en un laberinto de preguntas y respuestas, no llegando a ninguna conclusión que nos tranquilice. Dada esta situación acostumbramos a decir: “No hay respuestas capaces a cuestiones estúpidas”.

El pensamiento es libre y espontáneo, por lo que no podemos eludir que surja la primera de las cuestiones o de las dudas. Lo que sí podemos controlar es la contestación que nos damos. Así,hay que evitar rechazar el pensamiento que llegay hemos de intentar cortar las respuestas. Punque resulte paradójico, debemos comprender que las respuestas alimentan las inquietudes.

La opción de tratar de aceptar el pensamiento, dejando que tal como viene se vaya, siendo la correcta, es la mas difícil,  pero podemos ayudarnos llevando con terapias de psicología positiva y mindfulness, que han demostrado ser mucho más eficaces que las terapias cognitivo conductuales para este género de problemática como se señala en la web de la Sociedad de Mindfulness y Salud.

dudas y obsesiones

Ese pensamiento que nos ocupa es otro yo, que está ahí a cada momento, para recordarnos lo que debemos o no debemos realizar, lo que tenemos la posibilidad de o no, o ese que está ahí para criticarnos, para hacernos dudar. Ese yo que nos hace padecer puede tener múltiples caras:

  • EL INQUISIDOR. Es aquel que te indica que “hagas lo que hagas vas a ser culpable”. Está ahí, encima de ti, haciéndote sentir culpable de tus actos, pensamientos o resoluciones, condenándote. Uno siente que vive en un incesante tormento del que siente no tener escapatoria al invadirle los sentimientos de culpa.
  • EL SABOTEADOR. “Elijas lo que elijas, hagas lo que hagas, de todas maneras te marchas a confundir”. En nuestra búsqueda de seguridad, indudablemente, caemos en la trampa de nuestro saboteador que nos va a ir provocando poco a poco más inquietudes. Nos encontramos siempre y en todo momento insatisfechos con nuestra decisión o decisión, no logramos la seguridad total  porque, entre otras muchas cosas, esta no existe. Procuramos certezas y eso pertenece a nuestra trampa, procurar lograr racionalmente lo que no es posible: la certeza absoluta. De esta manera, nuestras resoluciones se aplazan, se enlentecen, se sufren y se sale de esta guerra herido y extenuado. Aun, a veces, nos rendimos y decidimos no escoger, sin percatarnos que esto mismo es una resolución. Lo que ocurre es que, en el momento en que no decidimos, es la vida la que lo realiza por nosotros y aquí, ocurra lo que ocurra, siempre y en todo momento perdemos.
  • EL PERSEGUIDOR.  Este nos dice: “ahora puedes intentarlo, que no vas a estar a la altura”. Este es un enorme artista en infundirnos miedo y inquietudes, y tiende a ser común en personas que tienen responsabilidades y desean dar lo mejor de sí, o personas muy inseguras de sí mismas. Este monstruo se empeña en exhibirnos nuestra incapacidad en frente de las situaciones.

Todos ellos desencadenan dudas en nuestro interior, que nos bloquean y también impiden tomar decisiones, que nos agotan y nos hacen sufrir, sumergiéndonos en un bucle sin fin donde por el momento no entendemos nada.

Toda vez que intentamos combatir esas dudas, terminamos siempre perdiendo, en favor de nuestro yo interior que en ocasiones nos domina. En la mente y el pensamiento, él tiene bastante poder, por el hecho de que vive allí. De ahí que, este género de inquietudes no tienen que resolverse en la cabeza. Si pensamos siempre y en todo momento terminamos sufriendo, angustiados y frustrados, todo se enturbia, y nada se aclara.

Lo interesante que es que normalmente procuramos librarnos de nuestro monstruo interior o bien no haciéndole caso y cuanto más tratamos de tirarle, mucho más permanece con nosotros; o bien accediendo a argumentar con él, combatiendo. Y cuanto más le luchamos, más ocasiones gana y más derrotados estamos.

Así pues, solo hay 2 opciones posibles:

  • Una es ganar sin combatir: tal como acude la duda a nuestra mente, tal como llama nuestro incómodo yo interior, le dejamos ingresar, pero no le combatimos, aceptamos que está ahí, que es una parte de nosotros, no le echamos. Si no le hacemos caso, desaparece solo espontáneamente.
  • La otra forma, es que si no podemos evitar batallar con él, esto es, no tenemos la posibilidad de evitar ingresar en un bucle, en un diálogo sin fin con él, habremos de ahogarlo en nuestro terreno y hacerlo ocultar echando más lecha al fuego.

De qué forma perdonar? – Psicoterapia corto y efectiva. Terapia de pareja, individual y de adolescentes

Cómo perdonar?

Perdonar es frente todo una promesa de olvido en lugar de una promesa de no reincidencia

No es necesario culpar ni satanizar, por el hecho de que cuando una persona solicita perdón se responsabiliza de algo que hizo, y que ha provocado daño. No charlar de culpa va a facilitar el restablecimiento de una aceptable relación, sin hacer asimetrías.

En ocasiones alguien solicita perdón pero la otra persona interpreta que son solo expresiones y que quien se disculpa quiere algo a cambio. Si no hay honestidad en el acto y no se acepta una responsabilidad, resulta insuficiente para establecer nuevamente la confianza

Si el perdón tiene lugar entre iguales que tienen una conexión personal, es visible el perdón es una herramienta necesaria no tanto para sobrepasar una situación de conflicto sino para arreglar el marco previo al conflicto: el de la relación que fué lastimada. Una relación de seguridad no puede volver como estaba si el ofensor prosigue comportándose igual.

En ocasiones el perdón es muy banal pues no se se tiene presente que se ha provocado un daño emocional. Conque antes de disculparse se debe pensar si se está presto a arreglar el daño provocado. Si no es de esta manera, el perdón carece de sentido. Si la disculpa es para tranquilizar la propia conciencia se está partiendo de una premisa equivocada. Las relaciones se basan en el reconocimiento del otro. Si no se le escucha y atiende a lo que el otro demanda, no va a ser posible arreglar esa relación.

Interpretamos un mismo hecho de forma diferente en base a las experiencias anteriores que tuvimos y a los propios valores. Esa diferencia es lo que transporta al enfrentamiento y en ocasiones a la pérdida de confianza.

Si 2 personas no interpretan de igual manera un mismo hecho es más difícil que se pongan en concordancia sobre las causas y consecuencias del mismo.

Las condiciones indispensables para hacer el perdón son la igualdad entre ofensor y insultado, la privacidad entre los dos, valores recurrentes y superiores a la relación que mantienen, la sinceridad de la disculpa y la sobre todo, la intención de reparación. Todo esto, es inviable si falta la empatía. La empatía es fundamental para comprender al otro. Fuera de estas condiciones, pedir perdón se transforma en un protocolo inútil, y vacío de significado.

Perdonar

Mientras no hay perdón, la relación persiste, si bien las emociones positivas que caracterizaban esa relación ahora se sustituyen por emociones negativas como decepción, va a ir, íra, por ejemplo, esto es, la relación persiste en un marco emocional negativo. De ahí que, perdonar resulta liberador, puesto que permite zanjar el tema y centrarse de nuevo en las emociones positivas, en el fluir como persona y en conectar nuevamente con uno mismo, encontrando paz interior.

Proposito: progresar mi relación de pareja

Estudios muestran que el propósito de año nuevo del 15% de la multitud en 2018 fue “localizar el amor”. Otros propósitos recurrentes fueron ahorrar dinero, perder peso y comer más sano.
¿Dónde está el propósito de mejorar la relación que tengo con mi pareja? Se nota la completa sepa de voluntad de prosperar en este aspecto.

Es extraño pues estar en una relación buena y segura se asocia con una mejora de la salud sensible, mental y hasta física. En otras expresiones, jamás es bastante el fácil hecho de “hallar el amor”. Es requisito asimismo que le demos relevancia a progresar la salud de la relación cariñosa desde un inicio.

Lamentablemente, los propósitos de año nuevo son prácticamente sinónimos de un mal seguimiento: precisamente el 80% de ellos fracasa ahora a mediados de febrero.

Para las parejas, puede que fijar objetivos para progresar su relación no esté dentro de las máximas prioridades al terminar el año y de cara al siguiente. Sin embargo, enseñar interés en mejorar la comunicación, la seguridad y la satisfacción puede conllevar cambios positivos muy significativos. De hecho, sirve tanto para relaciones sanas como para las tóxicas.

El desafío consiste, ya que, en entender porqué los propósitos de año nuevo y los objetivos generalmente fallan tan con frecuencia en lo concerniente a relaciones.

Considera estas razones comunes:

Los objetivos no prosiguen exactamente la misma línea que los valores individuales. Si la meta no aumenta la sensación de propia vericidad y seguridad individual, entonces tampoco va a mejorar la relación.

La misión suele ser bastante ambiciosa. Es fácil darse por vencido cuando los objetivos son gigantes e intimidantes. Prueba a fragmentarlos en pequeños y accesibles pasos, de esta forma va a ser mucho más fácil ser incesante con el cumplimiento.
Los objetivos no se pueden medir. Es muy fácil decir: “deseamos estar comunicados mejor”, pero si lo dejamos ahí, ¿de qué manera sabremos si lo hemos conseguido y cuándo? Las misiones deben ser concretas y debemos crearlas de forma que puedan ser de manera intuitiva medidas o identificadas.

Cuando los propósitos se focalizan únicamente a corto plazo. Toda pareja debería evaluar o analizar la visión de sus seis meses, un año, cinco años, diez años juntos (como pareja y como individuos). Esto asiste para acortar la brecha entre el éxito a corto y en un largo plazo.

Los próximos consejos tienen la posibilidad de ser usados para comenzar a preparar los propósitos de este año nuevo. Estos objetivos reflejan acciones concretas y medibles que realmente tienen la posibilidad de prosperar la comunicación, la seguridad y la satisfacción general de la relación.

Mantén las pantallas alejadas durante las comidas
Esto quiere decir que tienes que dejar el móvil inteligente, las redes sociales y la televisión tanto si comes en el hogar como si lo haces fuera. ¿Por qué razón es esto tan esencial? Estudios detallan que el acto de menospreciar a alguien en un ambiente social viendo el teléfono en vez de prestarle atención transporta a inferiores escenarios de satisfacción. Estate presente.

Programa una cita semanal
Es muy fácil dejar que una agenda ocupada tome el control de tu vida. Las parejas que encuentran momentos de calidad para estar juntos desarrollan ocasiones maravillosas para conectar. Planea las fiestas oficiales (San Valentín, Sant Jordi, el dia del padre o de la madre…) pero organiza también actividades novedosas como ir al museo, evaluar sitios de comidas, practicar deporte, excursiones…

Organiza unas vacaciones
Existen estudios que demuestran que planear unas vacaciones nos reporta exactamente la misma alegría e ilusión (en el momento en que no mucho más) que verdaderamente irse de vacaciones. Elaborar un viaje requiere cooperación, ahorro y imaginación.

Voluntariado juntos
Trabajar juntos con un fin común (en un caso así, contribuir a el resto) es un poderoso ejercicio de unión. Además de esto puede servir como excelente ejemplo para los hijos.

Leed libros juntos
Tienen la posibilidad de ser libros sobre la construcción de relaciones o cualquier otro género que les guste a los dos.

A fin de que una relación prospere, es importante el deber de hacer mas fuerte el vínculo compartido por la parte de los 2. Para este fin, resulta muy efectivo entablar misiones sobre la relación. Aparte de esto, asimismo es positivo que las parejas se asistan mutuamente en lo referente a sus propósitos personales. Esto no solo fomentará una relación amorosa y significativa, sino asimismo mejorará el confort de la gente involucradas.

Y si quieres mejorar todavía más, y crecer en tu relación, ves a terapia de pareja

Administración de conflictos – Psicoterapia corto y positiva. Terapia de pareja, individual y de jovenes

Administración de conflictos: los
2 puntos de vista

Julia alza la voz, y dice
“¿Cómo puedes no entender mi punto de vista? Tengo razón y tu lo sabes. Eres
demasiado testarudo para admitirlo!”

Carlos responde “Eso no es
para nada lo que pasó. ¿De qué forma puedes no verlo? Lo que yo digo es la realidad, tú
andas muy equivocada. Tienes que aceptarlo!”

Yo intervengo y digo “chicos, voy a tener que interrumpiros porque os estáis perdiendo en vuestras causas”

Los dos me miran mientras que
Julia afirma “Bueno….¿Quién tiene la razón? ¿Él o yo?”

“Los 2 la tenéis. Dejad
que me explique.”

La discusión de Julia y
Carlos muestra unos de los problemas más comunes durante un enfrentamiento: a
menudo, las parejas se ven como contrincantes en lugar de íntimos socios en una
batalla contra los malentendidos, y se culpan mutuamente por los inconvenientes de
la relación. Esto es muy destructivo para su vínculo emocional y conduce a mucho más
desconexión y discusiones.

Para mejorar el diálogo cuando
nos encontramos en la mitad de una discusión, fomenta la tolerancia: admitir que
cada situación puede ser vista desde distintas perspectivas y todas y cada una son igual
de válidas, y tienen exactamente el mismo peso. Para guiarte en este aspecto,
compartiremos tres cambios de punto de vista que tuvieron efectos muy
positivos en las parejas.

Estos tres cambios de
visión nos recuerdan también que siempre podemos aprender algo de la
visión de nuestro/a compañero/a. Adoptando una exclusiva visión sobre lo que
sucede, el enfrentamiento deja de marchar como una barrera a la conexión y se
transforma en un puente al mutuo entendimiento.

El conflicto se
encuentra en el espacio intermedio

El primer cambio de perspectiva del que vamos a hablar trata de ver el problema como algo que habita en el espacio entre los dos y no como producto de la culpa exclusiva del otro. En el momento en que las parejas discuten son como dos islas separadas por aguas turbulentas.

En lugar de intentar reparar
el punto de vista del otro, las parejas deberían focalizarse en apaciguar esas
aguas. Cuando el mar está ahora relajado, es viable navegar por la área de
lo que semeja el camino hacia la realidad de lo que pasa, de la
situación.

Requerimos viajar a la
isla de nuestro/a compañero/a para poder ver el planeta con sus ojos. Es habitual
que en medio de un enfrentamiento nos estanquemos en nuestra isla y comencemos a
lanzar rocas verbales a la isla de nuestra pareja. No obstante, si nadamos,
paseamos y vemos el inconveniente desde su punto de vista, aumentamos las posibilidades
de cambiar nuestra perspectiva hacia el “Oh, ya entiendo pues lo ves de esta
manera, en este momento todo tiene sentido”.

Una vez aceptamos la iniciativa
de que en cada desacuerdo hay siempre y en todo momento dos puntos distintos pero igual de
válidos, ya no es necesario discutir en defensa de la propia situación. Al
contrario, esto deja empatizar con los sentimientos de la pareja y comprender
completamente “su isla”. Esto no significa necesariamente que debamos estar de
acuerdo con ella, pero es vital para comprender de dónde viene todo. En el momento en que haces
esto, y tu pareja lo hace por ti, hallar una solución que funcione para los
dos se convierte en una labor mucho más fácil.

Localizar el elefante en la
habitación

Hay un cuento sobre cinco hombres ciegos que deseaban conocer qué era un colosal bulto plantado en la habitación (un elefante), tocándolo con las manos:

gestion-de-conflictos

En el momento en que el primer hombre
tocó la pierna ha dicho: “El elefante es un pilar”

El segundo dijo: “No, es
una cuerda” cuando tocó la cola

El tercero ha dicho: “Es como
una rama de árbol ancha” mientras tocaba el leño del elefante

El cuarto hombre ha dicho: “No,
es un muro colosal” mientras que le tocaba la barriga

El quinto hombre dijo: “Es
una tubería durísima” cuando le tocó el colmillo

Los hombres empezaron a
discutir sobre el elefante y cada uno insistía en que tenía razón.

Para ti y para mi está
claro: todos llevan razón. Lo que deseo decir es que en casi todas
las peleas, hay un elefante invisible en la habitación, y la realidad sobre él
descansa en algún punto en el medio de las dos perspectivas. Aun el color
gris del elefante nos dice de manera metafórica que no hay jamás solo una visión
de los hechos. Los problemas no suelen ser o blancos o negros, tienen matices.

La moraleja de esta
historia recae sobre percatarse de que la perspectiva de tu compañero es igual
de válida que la tuya. No tienes porqué estar de acuerdo, pero para resolver un
enfrentamiento, es necesario que enseñes respeto por sus críticas.

Comprueba tu remera

El tercer cambio de perspectiva es lo que se llama el enfoque “verifica tu camiseta”. De manera frecuente en un conflicto, estamos como en distintos equipos tratando ganar puntos y sacarle virtud al otro. Cuando esto pasa, los 2 perdemos. El objetivo de una discusión de un conflicto es localizar la mejor solución para los 2, una que beneficie a todos. A veces esto requiere compromiso, en otras ocasiones sencillamente es necesario comprensión.

Puede ser de asistencia el hecho de imaginar que bajo la ropa de cada uno hay una remera del mismo color. Hay veces en las que nos olvidamos y le pasamos la pelota al equipo equivocado; pero si comprobamos nuestra remera, nos recordará que nos la debemos pasar entre nosotros, trabajar juntos y marcar puntos contra el malentendido.

Si tienes inconvenientes para entender la visión de tu compañero/a, puede ser por el hecho de que lo ves tal y como si formara una parte del otro equipo. O sea muy frecuente. Comunmente destacamos nuestras cualidades positivas y etiquetamos a nuestra pareja con características negativas. Este fenómeno lleva por nombre “La atribución fundamental del fallo”. Se semeja mucho a decir: “Yo estoy bien; tú eres deficiente”

Esta visión competitiva obstaculiza el sendero a la resolución de conflictos. La forma de solucionarlo es sentir las mismas cualidades de tu pareja que percibes en ti (que no es mucho más que otra forma de estar en el mismo equipo).

Estos tres cambios pueden ayudarte bastante pues nos recuerdan que debemos prestar atención a la versión de la historia que protege el otro.

De qué forma hacer que tu pareja te comprenda, en tres pasos

No hay remedio: no ser comprendido es horrible. Nos hace
sentir frustrados, tristes y agobiados, e incluso puede ser peor en
tiempos de conflicto.

El conflicto jamás ha sido algo fácil. Supone mal, implica malentendidos y al mismo tiempo, tenemos la posibilidad de notar como hay partes de nosotros que gritan por sentirse valoradas y comprendidas. El problema que contamos la mayor parte de nosotros, es que hemos aprendido a comunicarnos de una forma que no nos asiste a que nuestra pareja nos entienda verdaderamente o sepa lo que requerimos. Al revés, frecuenta ocasionar que nos distanciemos más o que nos alejemos del mutuo entendimiento. Es habitual encontrar desprecio y reproches en una relación cuyos integrantes se sienten desconectados e incomprendidos.

El enfrentamiento es desarrollado, en último término, por la carencia de
sintonización o adaptación. Esto es exactamente por el hecho de que el sentirnos
comprendidos y ordenados con el resto es una de nuestras más profundas
necesidades. Este deseo de “ser visto” empieza cuando somos pequeñísimos. Los
pequeños, por ejemplo: en el momento en que juegan al pilla-pilla les gusta mucho ser encontrados.

Como adultos, deseamos ser vistos en nuestra crudeza, aceptar
-valerosamente- la entrada de otro a nuestro planeta sensible interno. Por este
motivo se vincula la puerta de inseguridad con el vivir incondicionalmente (por el hecho de que la
vulnerabilidad nos permite ser populares enserio por otra persona). La
puerta de inseguridad, pues, es como el pegamento que mantiene la relación junta.

No obstante, ser vulnerable no es para nada simple. Es bastante
más fácil culpar o agredir a nuestra pareja por los inconvenientes de la relación que
expresar lo que nos encontramos sintiendo.

Por ejemplo, afirmemos que tu pareja sale de la habitación cuando comenzáis una discusión. Instintivamente le responderás algo como “Eres un cobarde por salir de la habitación en el momento en que nos encontramos discutiendo!”. Pero si tomas el camino bien difícil que necesita mucho más voluntad, el camino vulnerable, afirmarás algo así “Me siento insegura y también incapaz cuando te vas de la habitación en la mitad de una pelea. Siento que no soy suficientemente buena para ti para que luches. ¿Existe alguna forma de emprender este conflicto a fin de que tengamos la posibilidad gestionarlo juntos?

De esta manera podemos ver lo fácil que es ocultarse relacionado con lo valeroso que es el hecho de ser vulnerable y aceptar ser visto.

En el momento en que hablamos de una forma amable y abierta, eso permite
que nuestro compañero se sintonice con nuestro interior, le ayudamos a entender
pues estamos de cierta manera.

comprensión en pareja

Como resultado nos sentimos mucho más conectados
emotivamente, cosa que ayuda a crear la confianza, a aumentar la
privacidad y a progresar el sexo. No es necesario nombrar que en el momento en que tu pareja
entiende tu visión, está más dispuesta a agradar tus necesidades de la
misma forma que las suyas propias.

Así pues, ¿de qué forma logramos que nuestra pareja sintonice con
nosotros durante un conflicto?

La primera habilidad que precisa el que tiene la palabra es CONCIENCIA. 

Charla responsablemente.

Entendemos por charlar conscientemente que la persona que
charla debe escoger las palabras atentamente y eludir acorralar a el que está
escuchando o hacer que se sienta atacado. Esto ayuda al compañero que escucha a
estar mucho más abierto a la entendimiento porque no está en posición defensiva.

Hay tres formas de conseguir esto:

  • Empieza las oraciones por “yo”

De esta manera reflejamos nuestros sentimientos,
percepciones y experiencias. Usar la palabra “tú” en el transcurso de un conflicto
suele tener el efecto contrario: semeja que apuntes con el dedo a tu compañero
y a sus sentimientos, accionar o personalidad. Además, como afirma el
dicho, siempre que apuntas con el dedo a alguien, aparecen tres dedos más que
señalan hacia ti.

Aprovechando que tienes la completa atención de tu pareja
mientras que haces tu aportación a la discusión, puede ser muy tentador el sacar de
una vez toda la “basura” de la relación. Sin embargo, cuantos mucho más inconvenientes
pretendas plantear en el momento, menos posibilidades tendréis de solucionar
alguno. En cambio, procura focalizarte en uno solo y descríbelo como un
periodista:

“Me agradaría que pusieras el lavavajillas sin que te lo
tuviese que soliciar”

“Me siento ignorado/a cuando llegas tarde a casa sin haberme avisado antes”

  • Resguarda el “gatillo” de tu pareja

Nos agrade o no, estamos indudablemente damnificados por los hechos del pasado que tuvieron un fuerte encontronazo en nuestra pareja (del mismo modo que los nuestros le afectan a él/ella). Estos recuerdos tienen la posibilidad de desencadenar un conflicto si no tenemos cuidado. Lo que nuestro compañero lleva encima, lo que fué juntando dentro suyo con el paso de los años (“el equipaje”) puede ser una fuente de irritación. Es muy poco verdadera aguardar que abandone dicho equipaje doloroso y que cambie con facilidad.
Al revés: puedes prevenir el agravamiento del conflicto si trabajas con estos “gatillos” o detonantes de tu pareja con compasión y prudencia.

La privacidad que tienes con tu compañero, a la que os habéis tolerado llegar, te ofrece el poder de amarlo sobre sus puntos enclenques o el de herirlo gravemente haciendo uso de este conocimiento. El segundo rompe las relaciones, al tiempo que el primero las crea.

La manera de tratar a tu compañero y de hablar sobre los problemas que surgen en una relación establece la efectividad de las soluciones que se ponen en práctica. Si deseas cambiar el comportamiento que tu compañero tiene hacia ti, comienza por cambiar el que tú tienes hacia él.

Y si deseas prosperar todavía más, y crecer en tu relación, ves a terapia de pareja

Principales enemigos de una relación

Los cuatro enemigos de las relaciones son la crítica, el menosprecio, la actitud
protectora y las evasivas
Los 4 contrincantes de las relaciones son una forma clara de detallar un tipo de comunicación combativa que, según ciertos estudios, tienen la posibilidad de adivinar el final de una relación.

  • La actitud crítica
    Criticar a tu compañero es distinto de sugerir una crítica o verbalizar una protesta. Los 2 últimos se refieren siempre a cuestiones específicas, al tiempo que la primera es un ataque directo al otro. Es un ataque que se dirige a lo más profundo de su personalidad. De hecho, en el momento en que criticamos estamos desarmando todo su ser.
    Es importante aprender la diferencia entre expresar una protesta y criticar:
  1. Protesta : “Me amedrenté cuando llegaste tarde sin avisarme. Creía que habíamos acordado que nos llamaríamos en estas situaciones”
  2. Crítica : “Nunca piensas en de qué forma perjudica tu comportamiento a los demás. No es que no poseas memoria, es que eres egoísta. Jamás piensas en el resto! Jamás piensas en mi!”
    Si observas que tú y tu pareja les criticais a menudo, no pienses que vuestra relación está destinada al fracaso. El inconveniente de las críticas es que si se regresa un hábito, abre las puertas a los otros enemigos de las relaciones (que son considerablemente más bien difíciles de arreglar).
    La crítica provoca que la víctima se sienta atacada, rechazada y herida. Acostumbra causar, además de esto, que la víctima y el atacante entren en un bucle donde este primer enemigo reaparece cada vez con mucho más continuidad y también intensidad. A menudo, este desarrollo transporta al menosprecio.
  • El menosprecio
    En el momento en que nos avisamos en una situación como la que hemos descrito previamente, es normal que seamos tacaños (tratamos a el resto sin respeto, nos burlamos con sarcasmo, ridiculizamos, insultamos e inclusive empleamos el lenguaje corporal para mofarnos del otro). El propósito del menosprecio es hacernos sentir inútiles y odiados.
    El menosprecio va más allá de la crítica. Mientras que la crítica agrede la personalidad de tu compañero, el menosprecio supone una situación moral de superioridad frente al otro:
    “ ¿Estás ‘fatigado’? ¡Qué mal me sabe! Yo he estado todo el día con los pequeños sin frenos para poner la casa en orden, y lo único que haces cuando llegas de trabajar es tirarte en el sofá como un niño y jugar a estúpidos videojuegos. No tengo tiempo de lidiar con otro niño. ¿Podrías ser más patético? ”
    Aun existen estudios que detallan que las parejas que se tratan con menosprecio tienen más opciones de ponerse enfermas (constipados, fiebres…) que las que no. Esto se origina por que sus sistemas inmunológicos se debilitan con el agobio del enfrentamiento. El menosprecio se alimenta de pensamientos negativos sobre el otro, que se muestran cuando el atacante se dirige o acusa a la víctima desde una posición de superioridad relativa.
    Lo más esencial es que el menosprecio es el mayor detonante del divorcio. Por este motivo debe ser eliminado.
menosprecio

Actitud defensiva
Suele ser una respuesta a la crítica. Todos hemos estado en una situación que nos ha llevado a una actitud defensiva alguna vez, y suele ser nuestro estado persistente en el momento en que disponemos relaciones son inestables. En el momento en que sentimos que nos atacan inmerecidamente, buscamos excusas y adoptamos el papel de víctima inocente a fin de que nuestra pareja retroceda.
Por desgracia, esta estrategia no frecuenta funcionar. Nuestras disculpas solo sirven para que nuestro compañero crea que no nos tomamos las cosas seriamente, y que no asumimos la responsabilidad de nuestros fallos:

  • Pregunta : “¿Llamaste a Juan y a María para comunicar de que no iríamos a la fiesta de esta noche como me prometiste esta mañana?”
  • Contestación protectora : “He estado bastante ocupado durante todo el dia. En verdad, tú ya sabes el trabajo que tengo, ¿por qué razón no lo hiciste tú?
    Esta persona no únicamente responde de forma protectora sino que además de esto, invierte la responsabilidad en un intento de lograr que sea todo culpa del otro. Por otro lado, una contestación no protectora puede expresar la aceptación de la responsabilidad, la admisión de la culpa y la comprensión del punto de vista de tu compañero:
    “ Ups! Me olvidé. Debería haberte pedido que lo hicieras tú esta mañana pues sabía que mi día sería un no parar. Es mi culpa. Déjame llamarlos justo en este momento. ”
    Si bien es totalmente comprensible que procuremos defendernos en el momento en que estamos estresados y nos sentimos atacados, nunca va a tener el resultado esperado. Una actitud defensiva solo aumentará la gravedad del conflicto si el que agrede no recula o se disculpa. Esto se debe básicamente a que es una técnica para culpar al otro y no una forma de administrar el enfrentamiento de manera saludable.
  • Las evasivas
    La evasivas son una respuesta habitual al menosprecio. Se muestran en el momento en que el que escucha escapa de la interacción, se cierra en banda, y simplemente deja de contestar al que está hablando.
    En vez de afrontar los problemas con su pareja, aquellos que deciden evitarlos utilizan estrategias de evasión: finalizar la charla, marcharse, actuar como si estuvieran ocupados o interesarse por comportamientos obsesivos y distrayentes.
    Se necesita un buen tiempo para que la negatividad que han desarrollado antes los otros contrincantes de las relaciones se vuelva lo bastante fuerte como para que las evasivas se transformen en una salida lógica y entendible. Sin embargo, una vez de han utilizado estas
    estrategias, es frecuente que su empleo se transforme en un -mal- hábito. Por desgracia, un individuo que se defiende con evasivas no es moco de pavo de cambiar. Es el resultado de sentirse psicológicamente inundado. Cuando evitamos el inconveniente (con evasivas), puede que ni siquiera nos hallemos en un estado mental adecuado para debatir las cosas de forma racional.
    Si sientes que estás usando maniobras evasivas en el transcurso de un enfrentamiento, tienes que parar la discusión y pedirle un reposo a tu compañero:
    “Bien, estoy bastante enfadada para seguir comentando de esto. ¿Podemos llevar a cabo un reposo y regresar al tema en un rato? Va a ser mucho más fácil discutirlo en el momento en que me haya calmado.” Entonces, tómate 20 minutos para hacer -solo- que te asista a relajarte: lee un libro o una revista, da un paseo, ve a correr…simplemente haz algo que te permita dejar de sentirte inundado. Una vez lo hayas logrado, regresa a la conversación.

Antídotos contra los contrincantes de las relaciones
Ser con la capacidad de detectar estos cuatro elementos en un enfrentamiento es el preciso primer paso para solventarlo, pero no es bastante. Para espantar la comunicación destructora y los patrones de conflicto, tienes que sustituirlos por otros patrones que sean saludables y productivos.
Afortunadamente, se ha demostrado que cada enemigo tiene un comportamiento positivo que logra contrarrestar la negatividad. Los observaremos en los próximos posts.

Y si deseas prosperar todavía más, y medrar en tu relación, ves a terapia de pareja

Menosprecio: entre los cuatro enemigos de la relación

Menospreciar, ningunear, desdeñar, depreciar en pareja, un infierno

El menosprecio es el peor de los cuatro contrincantes. Es el accionar más destructivo para las relaciones. Hay estudios que lo describen como el mayor signo anticipatorio del divorcio.

En el momento en que nos comunicamos con desprecio, estamos siendo verdaderamente mezquinos. Tratar a los demás sin el debido respeto y burlarse de ellos con sarcasmo y condescendencia son maneras de menosprecio. Como asimismo lo son el humor hostil, los insultos, la broma gestual y ciertos elementos del lenguaje corporal. Sea como sea, el menosprecio es venenoso para la relación por el hecho de que combina el disgusto y la superioridad ética, ética o de personalidad.

El menosprecio es homónimo de: “Soy mejor que tú. Y tú andas por debajo de mi.”

Por qué razón el menosprecio es tan destructivo y peligroso

Es una actitud que se alimenta de pensamientos negativos a largo plazo sobre la otra persona, y aparece en la forma de un ataque dirigido a nuestra consciencia del otro. Inevitablemente, nos transporta a un mayor enfrentamiento -o a uno más arriesgado- y nunca a la reconciliación. Es realmente difícil solucionar nada en el momento en que tu pareja está constantemente recibiendo el mensaje de que andas disgustado con ella y de que andas actuando de manera transigente y con superioridad.

Pongamos un ejemplo. En una relación, entre los 2 tiene siempre y en todo momento la necesidad de llegar a tiempo a todas y cada una partes, aun antes, mientras que el otro tiene problemas para proseguirle el ritmo y estar listo cuando el otro precisa que lo esté. Aquí observamos una forma de menosprecio que podría ocurrir en una situación como la planteada:

Mira, aprendí a leer las horas cuando tenía cinco años. ¿Cuando lo aprenderás tú?

Estudios detallan que las parejas que emplean este tipo de comunicación son más tendentes a padecer patologías infecciosas como la fiebre o el constipado que las parejas que no. El menosprecio es el veneno más arriesgado para la relación, es muy importante que lo tengamos presente. Destruye la salud emocional, física y sicológica.

Afortunadamente, para los demás enemigos de las relaciones, existe un antídoto eficaz para eliminarlo, y se nos presenta de dos maneras:

  • En un corto plazo: tienes que detallar tus sentimientos y pretensiones

Si estás experimentando este tipo de comunicación en tu relación, hay antídotos probados para combatirla y transformar el enfrentamiento en una fuente de desarrollo positivo.
La primera cosa que debes hacer iniciar poco a poco -con pequeños pasos- y describir tus sentimientos y pretensiones sobre cualquier tema. Intenta eludir las oraciones que empiezan con “tú”, ya que pueden hacer que tu compañero se sienta culpado o aun atacado.
Las medidas en un corto plazo son un buen punto de inicio, pero para hacer una inmunidad a largo plazo, precisarás pensar tu relación en un contexto superior.

  • En un largo plazo: edifica una cultura de cariño y admiración

El más destacable antídoto para el menosprecio es la construcción de una cultura de cariño y admiración mutua que, en sentido metafórico, fortalece el sistema inmunológico de la relación.

Esto no es algo que puedas construir de la noche a la mañana, pero si pones de parte tuya para realizar cosas -si bien sean pequeñas- por tu compañero cada día, terminarás por crear un sistema fuerte. Una vez lo hayas conseguido, servirá de frente contra el menosprecio.

La mejor prueba para medir la fuerza de tu sistema de cariño y admiración por esa persona es centrarte en la visión que tienes sobre la narración de vuestra relación. Las parejas que tienen una visión efectiva sobre su pasado juntos tienden a estar más felices en sus relaciones. Sin embargo, si tu relación tiene problemas, tendrás mucho más contrariedad para sacar algo bueno de vuestro recorrido juntos y de rememorar los momentos felices.

Charlar de los momentos felices del pasado, no obstante, asiste para la mayoría de parejas a reconectar. También es esencial rememorar los instantes bien difíciles cuando, mediante el esfuerzo mutuo, se luchó y se consiguió arreglar el inconveniente. Esto -recordar las viejas victorias- contribuye a construir la solidaridad en una relación.

Céntrate en prestar gestos y expresiones de afecto, amabilidad, acompañamiento y amor cada dia. Esto puede ser tan fácil como un beso de seis segundos, una charla calmada y trivial (reduce el agobio), o tomarse un momento para dar las gracias por el apoyo mutuo.

A pesar de que las parejas felices en ocasiones pueden sentirse frustradas por los defectos de la personalidad del otro, siguen pensando que su compañero/a merece respeto y amor, que vale la pena. Aunque compartir el cariño y la admiración en una relación es un elemento fundamental, estos sentimientos suelen reducir durante los conflictos, el resentimiento o simplemente de la abstracción mental que producen las mil distracciones cotidianas.

Mencionado lo anterior, expresar cariño y admiración en tu relación no es complicado, y es posible incluso tras un enfrentamiento, en el momento en que puedes llegar a meditar que estos sentimientos positivos se han enterrado muy bajo tierra.

pareja-feliz

Los pensamientos positivos generan sentimientos positivos, y el objetivo es materializar (ambos) en acciones positivas que nos ayuden a sanar la relación y a resucitar el compañerismo. Cuanta más positividad haya en una relación, mucho más difícil va a ser ignorar los sentimientos buenos, que son en última instancia, aquello en lo que las parejas saludables se apoyan para mantenerse conectados.

Si recibes cariño y admiración y al reves, vais a tener más posibilidades de solucionar los enfrentamientos que broten como un equipo.

Y si quieres prosperar todavía mucho más, y crecer en tu relación, ves a terapia de pareja

Los cuatro enemigos de las relaciones: la actitud evasiva

Otro de los cuatro enemigos de las relaciones, es la actitud evasiva. Es una negativa a estar comunicado o cooperar. Aparece cuando en una discusión o pelea, el que está escuchando deja de interaccionar con su compañero y se encierra en sí porque se siente superado por la situación (o psicológicamente inundado). Es como si interpusiese un muro entre él y su interlocutor, su pareja.

En lugar de enfrentar el inconveniente, cuando nos evadimos, nos volvemos totalmente indiferentes a él mediante maniobras evasivas: terminando la conversación, huyendo, haciendo ver que estamos ocupados o cayendo en comportamientos obsesivos. La actitud evasiva se vuelve una “salida” comprensible cuando la negatividad creada por los otros contrincantes de las relaciones es constante durante un tiempo y se vuelve lo suficientemente arrolladora. Sin embargo, una vez hace aparición, suele transformarse en un hábito.

En el momento en que hagas el esfuerzo de afrontar un
inconveniente, si se trata de un tema que te perjudica negativamente, o si procuras
argumentar tus sentimientos sobre un área específica del conflicto, o si pretendes
llegar a una solución
mientras tu compañero
hace como si no estuvieras ahí –te ignora-, es realmente posible
que llegues a un nivel de frustración o enfado tan alto que te obligue a
abandonar asimismo la conversación (emocionalmente).

El hecho de intentar comunicarse con
alguien que se comporta así puede ser realmente frustrante, y si la
conducta se repite constantemente, puede llegar a ser irritante.

¿Cuál es el antídoto para este género de actitud?

En el momento en que un individuo se comporta de esta
manera tiende a ser pues está
psicológicamente inundada, y de
hecho, existen algunos indicadores de ello: ritmo cardíaco prominente, emisión al fluído sanguíneo de hormonas del agobio o incluso respuestas de
“o lucha o huída”. Cuando esto sucede, es
irrealizable proseguir con la discusión de una forma racional y respetuosa pues estamos
demasiado agitados psicológicamente
para hacerlo.

1. El paso inicial
del ant
ídoto es PARAR.

No obstante es mucho más fácil decirlo que realizarlo. Si tratas de terminar la discusión e irte sin asistencia del otro, es posible que parezca que actúas con una actitud evasiva mucho mayor (y empeorar la situación). Lo que debes hacer es acordar previamente una forma correcta de tomar un descanso en medio de un conflicto. Pensad en algún signo neutro que podáis utilizar los dos en una conversación para haceros saber el uno al otro en el momento en que os sintáis inundados emocionalmente.

Puede ser una palabra, una frase, un
movimiento o simplemente levantar las manos en señal de “stop”. Os invitamos a que elaboreis vuestro
propio signo. De hecho, si usais una señal que sea un tanto cómica o ridícula, os va a ayudar a quitarle tensión a la situación. Realmente no importa de qué manera suene o lo que parezca
mientras que sea respetuosa y los 2 estéis en concordancia en emplearla.

Así que si te encuentras en esta situación, pide un descanso
usando alguna señal,
palabra o frase que hayáis
decidido previamente. Debéis
comunicar nuestros estados de ánimo
especialmente si la situación
les supera.

Una vez se establece la pausa, debes realizar
algo por tu cuenta. El descanso debería durar cuando menos veinte minutos, pues es lo
que nuestro cuerpo tarda en calmarse psicológicamente.

2. El segundo paso
es AUTOCALMARSE

Es vital que durante el descanso evites
los pensamientos de indignación
pretendidamente

“justa” (“No me merezco esto”), el victimismo inocente
(“¿Por qué razón siempre y en todo momento la toma conmigo?”). No tienes que meditar en la
situación de enfrentamiento ni en tu
pareja, sino más bien realizar algo que te ayude a calmarte y te alivie el agobio generado. Algunos
trucos:

– Imagina un espacio que te haga sentir
relajado y seguro. Un espacio sagrado donde nada te puede afectar de manera negativa.
Puede ser un lugar que recuerdes de tu infancia, un rincón acogedora donde
suelas leer, tu vieja habitación, o la casa de un amig@.

Puede ser también un bosque frondoso, un
campo de flores amarillas o una playa extendida y solitaria. Mientras que te imaginas
que estás en este “santuario” intenta perderte en la
paz que te transmite. O sea perfecto para tranquilizarte y reposar de una charla dificultosa.

– Concéntrate en tu respiración. Ha de ser profunda,
regular y incesante. En situaciones

de estrés, es normal que aguantemos la respiración mucho rato o que
respiremos aceleradamente. De esta manera
que, inhala y exhala con naturalidad.

– Tensa y relaja unas partes de tu cuerpo que
estén rígidas o sobrecargadas.
Siente el calor y el peso que fluye en tus pulmones. Tómate tu tiempo. Esta técnica se parece bastante a la
de la respiración, existe quien elige una
o la otra. Puedes seleccionar la que mucho más te convenga.

Invierte ese tiempo en llevar a cabo algo tranquilo
y que te distraiga. Por servirnos de un ejemplo: escucha música, lee un libro o da un paseo.

¿Qué podemos estudiar de la actitud evasiva?

Las interacciones positivas en una
discusión problemática son
muestras de interés,
de aprecio, el humor, la empatía y
el lenguaje corporal afirmativo (como el contacto visual). De todas formas, no
debemos pensar que cualquier signo de negatividad signifique que estamos en
problemas, ya que mientras que estos signos no superen los positivos, no hay ningún inconveniente (se afirmaría que aun es
saludable).

Los largos ciclos de discusión no constructiva y con falta de efectos positivos, son los mayores indicadores de la actitud evasiva. Si esta situación perdura, la relación se deteriorara. En el momento en que estos ciclos medran y se hacen mucho más intensos, se muestran las siguientes activas:

– Reduce la capacidad de procesar
información

– Incrementa la actitud evasiva

– Disminuye la habilidad creativa de
solucionar problemas

– Se disminuye la capacidad de escuchar y
empatizar

Los hombres son más proclives a encerrarse
después de los muros que las mujeres (el 85% de la gente que adoptan esta actitud
son hombres). Ellos se desvincularan emotivamente de las discusiones mientras
las mujeres continúan
emotivamente vinculadas a ellas.

En conclusión: la actitud evasiva es mala pero existe una regla buena que podemos proseguir.

Cuando estamos en una discusión y uno de los dos escoge tomarse un reposo, es bueno que nosotros nos lo tomemos también. Cualquier intento de proseguir en el momento en el que aparece la actitud evasiva va a ser improductivo.

Y recuerda: la aptitud de tranquilizarse a uno mismo se encuentra dentro de las capacidades mucho más esenciales que puedes aprender. No solo te ayuda en tus relaciones románticas sino más bien asimismo en todos los demás ámbitos de tu vida.

Y si deseas prosperar todavía mucho más, y crecer en tu relación, ves a terapia de pareja