un síntoma conductual muy frecuente en la patología de Alzheimer

La apatía es uno de los síntomas conductuales mucho más usuales en la enfermedad de Alzheimer (se muestra, según diversos estudios, en cerca de un 65% de las situaciones), conllevando, muchas veces, una progresión más rápida del deterioro cognitivo y funcional. A pesar de ser tan común, a menudo no recibe la atención que merece, ya que la apatía puede parecer menos perturbadora que otras alteraciones de conducta, como la irritabilidad o el accionar agresivo. Su manifestación persistente, además, se relaciona con un alto encontronazo negativo en el estado de ánimo, bienestar y calidad de vida del cuidador. En el artículo enseñamos qué es la apatía y garantizamos algunos consejos para manejarla y procurar reducir su impacto. 

¿Qué es la apatía?

La apatía se define como una pérdida o disminución de la motivación en, al menos, 2 de estos tres aspectos: conductas dirigidas a objetivos, actividad cognitiva, o expresión sensible, siendo suficiente como para ocasionar una alteración significativa en la vida diaria. Las personas con Alzheimer (y asimismo con demencia por otras causas) pueden presentar alguno de estas tres formas de apatía:

  • Apatía conductual o de autoactivación: se muestra una acusada disminución de la actividad espontánea, hasta el punto de que la persona puede llegar a no caminar apenas, ni tan solo por la vivienda, y desatender la realización de actividades para las que física y cognitivamente puede ser aún capaz. Comunmente, con un estímulo de afuera, la persona suele contestar a la incitación a realizar cosas concretas. Esto es, la persona, por sí misma, no se mueve de donde está sentada, por ejemplo, pero puede levantarse y caminar sin problema en el momento en que se le recomienda o insiste en proceder a dar un recorrido. 

  • Apatía cognitiva: se refleja en una falta de idea para la realización de ocupaciones cognitivas, que puede ser tan atractiva como prácticamente no hablar (estando el lenguaje bastante preservado), o no enseñar ningún interés o curiosidad por las ocupaciones que efectúan otra gente
  • Apatía emocional-cariñosa: implica una enorme disminución o sepa de expresión de emociones, aparentando indiferencia y falta de empatía. Es posible que parezca que la persona no se preocupa por el resto o que no le perjudica nada de lo que ocurre a su alrededor, no exponiendo ni alegría ni tristeza por los acontecimientos. 

Aunque la apatía y la depresión comparten ciertos síntomas (por servirnos de un ejemplo, retraimiento o baja actividad espontánea), no son lo mismo ni, necesariamente, se muestran juntas. En muchos casos, las personas con Alzheimer que muestran apatía, no tienen depresión. Sencillamente, no detallan idea o interés por ocupaciones o por el ambiente, o semejan no emocionarse por nada, pero esta conducta no suele estar asociada a síntomas depresivos, como la tristeza, la culpa o la desesperanza. No obstante, la depresión no es tampoco infrecuente en personas que sufren patología de Alzheimer. Por eso, frente a la duda, es conveniente consultarlo con el especialista. 

La apatía en un individuo con Alzheimer

La apatía puede manifestarse de manera temprana en la enfermedad de Alzheimer y, a menudo, persiste durante todo el desarrollo, impactando en el curso clínico de la enfermedad y el manejo del cuidado de la persona. La gente con Alzheimer en las que la apatía es un síntoma persistente suelen presentar una mayor alteración en la realización de las ocupaciones de la vida día tras día de lo que sería esperable por su estado cognitivo. Estas son algunas formas en las que se puede manifestar la apatía en un individuo con Alzheimer: 

  • Estar excesivamente calmada y apenas charlar.
  • Aparentar no ser siendo consciente de su ambiente ni de las personas que le rodean.
  • Tener la mirada perdida, parecer ausente. 
  • Representar un enorme esfuerzo ponerse a llevar a cabo cualquier cosa con la que antes gozaba.

La gente con Alzheimer que presentan una esencial apatía dependen absolutamente de sus cuidadores para comenzar la mayor parte de ocupaciones que, por sí mismas, no harían. Esto supone un nivel mayor de sobrecarga del cuidador, con un empeoramiento de su calidad de vida y confort, además de conllevar, normalmente, una progresión mucho más rápida de la enfermedad.  

Buscar posibles causas de la conducta apática

En la patología de Alzheimer la apatía se puede asociar con patrones específicos de atrofia cerebral y tener relaciones con la desconexión de distintos circuitos neuronales. Por consiguiente, la primordial causa subyacente está en los cambios neuropatológicos de la enfermedad. No obstante, como sucede con otros síntomas conductuales, algunos componentes tienen la posibilidad de favorecer su aparición o persistencia y, si los detectamos, tenemos la posibilidad de accionar de alguna manera para mejorar la conducta apática. 

Algunos de los fundamentos que tienen la posibilidad de favorecer que la persona con Alzheimer muestre apatía, sea no iniciando por sí misma ocupaciones, o mostrándose ausente o poco respondedora a estímulos, son: 

  • El propio deterioro cognitivo. De entre los síntomas cognitivos del Alzheimer, las dificultades de tipo ejecutivo, que son aquellas que permiten planear, comenzar y hacer la secuencia de realización de actividades, pueden estar relacionadas con la desmotivación para ponerse a realizar cosas por uno mismo. De manera frecuente, el hecho de sentir estas dificultades, puede ser el motivo por el que la persona con Alzheimer vea disminuida su autoestima y confianza en sí misma, llevándola a retraerse y estar inactiva, creándose una espiral negativa para la progresión de la enfermedad. 
  • Malestar emocional. Absorber las dificultades y pérdidas que acarrea un proceso de demencia es algo que, si bien de forma frecuente no sepan de qué manera expresar, es comprensible que pueda impactar emotivamente a quien la sufre. Puede sentir temor, enfado, tristeza, frustración, vergüenza… Un cúmulo de emociones y sentimientos que, incluso, puede sospechar una depresión y provocar retraimiento, y la apatía ser una manifestación final de esta situación sensible. 
  • Aburrimiento o aislamiento. A veces, con las mejores intenciones, se opta por no soliciar varias cosas a la persona con Alzheimer, sobreprotegiéndola o asumiendo a priori que no va a poder efectuarlas. No obstante, esto puede acarrear un efecto negativo, ocasionando la persona se agobie o se sienta apartada privándola, además de esto, de oportunidades de estimulación. 
  • Problema de salud o medicamentos. En personas con demencia, con frecuencia, la conducta es una forma de comunicación. La falta de motivación y de actividad podría ser consecuencia de algún malestar, mal, enfermedad subyacente, o efecto secundario de algún fármaco, y que la persona no sea con la capacidad de expresarlo en expresiones o, quizás, que tenga adversidades para admitir su malestar. 

¿De qué forma se puede tratar la apatía de un individuo con Alzheimer?

Al igual que otros síntomas conductuales de la patología de Alzheimer, intentar detectar probables causantes causantes y modificarlos, puede resultar en cambios positivos. Es recomendable que la primera opción sea evaluar con aproximaciones no farmacológicas, basadas en la observación y modificación del ambiente y la actuación de la gente cuidadoras y familiares. Se ofrecen aquí ciertas sugerencias para tratar de rebajar el nivel de apatía:

  • Proponer a la persona con Alzheimer la realización de actividades con las que sabemos que puede gozar. Hay que poner mucho más énfasis y reconocimiento en el hecho de llevar a cabo las cosas y no tanto en el resultado. 
  • Apreciar si las actividades que se le ofrecen tienen una contrariedad admisible para ella, para eludir que se sienta desbordada y pueda frustrarse. 
  • Ser flexible en la iniciativa y realización de ocupaciones: en ocasiones, una misma actividad puede ser recibida mejor en un momento del día que en otro. O, caso de que sea muy complicada para sus capacidades recientes, se puede fragmentar en partes mucho más sencillas o adaptarla a las opciones cognitivas de la persona. 
  • Fomentar el inicio de las actividades. En muchos casos, la apatía dificulta a la persona con Alzheimer comenzar por sí misma las ocupaciones, pero la incitación a veces basta para ponerse a ello, y especialmente en el momento en que la iniciativa le resulta interesante. Hay que mostrarse estable en la propuesta y la intención, al unísono que afectuoso y comprensivo. 
  • Asistirle en la realización de las actividades y tareas, sin terminarlas por ella, para reforzar su sentimiento de utilidad y aportación productiva, evitando la frustración de no poder acabarlas por sí sola. 
  • Procurar que la persona se sienta productiva, útil y valorada, sin caer en una excesiva simplificación que pueda conllevar a exagerar las felicitaciones, que pueda sentir como un trato infantilizado. 
  • Ofrecer actividades importantes para la persona con Alzheimer. Percibir música del gusto de la persona, o efectuar ocupaciones que la conecten con su historia de vida y sus recuerdos, puede ser una manera de despertar la motivación o la conexión con el ambiente. 
  • Incluir la actividad física en las rutinas del día a día. Caminar, bailar o entrenar algún deporte, al fin y al cabo, la actividad física puede ayudar a reducir la apatía, aparte de ser muy beneficiosa para el cerebro y para la salud general. 
  • Enseñar aprecio. Es esencial entender que, si bien la persona parezca ausente o no muestre conmuevas o aparente indiferencia frente las personas y situaciones de su entorno, ello hay que a los cambios cerebrales de la propia enfermedad, y no significa que no necesite del cariño y la entendimiento de los demás. En ocasiones, sencillamente estar a su lado, darle la mano, una caricia o un abrazo puede ser realmente reconfortante. 
  • Recordar que está presente. Si bien su actitud sea de ausencia y de parecer “desconectada” del ambiente, la apatía no es reflejo de incapacidad para ver, oír y entender lo que sucede a su alrededor. Es muy importante, por tanto, no actuar ni hablar de la persona con Alzheimer tal y como si no se enterase de nada o no estuviese presente. Por el hecho de tener contrariedad en expresar emociones no significa que no las sienta. 

Si, pese a evaluar con este género de sugerencias la apatía es muy acusada o persiste en el tiempo, habría que preguntar con el médico experto. Si bien no hay un régimen específico para la apatía, ciertos medicamentos, como los inhibidores de la colinesterasa, pueden ayudar a prosperar la apatía. El médico revisará el tratamiento de la persona con Alzheimer, o indagará si existe alguna otra causa que logre explicar la acusada apatía. 

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