una aptitud afectada de forma temprana por el Alzheimer

Entender qué día es hoy, estimar la hora aproximada o ser consciente de en qué instante del día estamos requiere de un óptimo funcionamiento de la memoria y, particularmente, de un adecuado registro de los nuevos hechos y también informaciones que se van pasando. Los problemas de orientación temporal están entre los síntomas cognitivos propios de la enfermedad de Alzheimer y de otros géneros de demencia

La desorientación temporal está entre los primeros síntomas del Alzheimer

La aptitud de orientación se puede contemplar desde tres vertientes diferentes pero complementarias, que son las que nos permiten comprender quiénes somos (los datos personales que nos definen), dónde nos encontramos y exactamente en qué instante o, lo que es lo mismo, estar orientados a nivel personal, espacial y temporal. La progresión de la patología de Alzheimer implica una pérdida gradual de las tres formas de orientación. 

En la mayoría de casos, la primera esfera de orientación que se afecta es la temporal, seguida de la espacial y, en último caso, la personal. No obstante, no es una función matemática precisa y, dada la múltiple afectación cognitiva propia de la demencia, pueden producirse fallos en cualquiera de las tres esferas de orientación cualquier ocasión de la patología. La aptitud de orientación está, además, estrechamente enlazada a la de la memoria y al registro de novedosas aclaraciones, aspectos que tan damnificados se ven por la patología de Alzheimer. 

¿Cómo se manifiesta la pérdida de orientación temporal?

La alteración de la orientación temporal se traduce, en un inicio, en errores relacionados con la fecha de hoy (no sabiendo exactamente el día del mes, de la semana, o el año actual). 

Al tiempo que, al comienzo, los errores van a ser de precisión o sutiles, con la progresión de la enfermedad se van a hacer cada vez más evidentes y la persona puede cometer errores que llaman bastante la atención, como enormes confusiones en el año de hoy o desconocimiento de la estación del año en que estamos. Puede aun no ser  con la capacidad de identificar correctamente la parte del día en que se encuentra (por ejemplo, opinar que es por la mañana cuando la tarde ahora está avanzada). 

Otra de las manifestaciones de la pérdida de aptitud de orientación temporal es la contrariedad para realizar correctas estimaciones del paso del tiempo. Las personas con demencia acostumbran a sentir el paso del tiempo mucho más veloz que los demás, tanto de forma prospectiva (hacia adelante) como retrospectiva (hacia atrás). Por servirnos de un ejemplo, una persona con demencia quizás se impaciente enseguida pues el autobús tarda en llegar cuando hace muy poco que espera en la parada o, al revés: haber debido esperar largo rato y, en cambio, trasmitir que fué poquísimo si se le pregunta por el tiempo que ha aguardado. 

La perturbación de la orientación temporal impacta en el desempeño del día a día

Gracias a las dificultades de orientación temporal, la persona con Alzheimer cometerá distintos fallos en las actividades diarias y se pueden generar situaciones como las próximas, ciertas mucho más propias de fases iniciales y otras de fases mucho más destacadas de la patología:

  • No presentarse (o no llevarlo a cabo en el momento sosprechada) en citas acordadas.
  • No tomar la medicación, o no llevarlo a cabo en el instante conveniente.
  • Ponerse ropa bastante abrigada en verano o, viceversa, bastante ligera en invierno por desconocer en qué estación del año estamos.
  • Reclamar la comida a media tarde por meditar que es cerca del mediodía (y no recordar, además de esto, que ya ha comido). 
  • Despertarse a media noche o de madrugada, levantarse, vestirse y disponerse a salir o a iniciar las actividades del día. 
  • Preguntar con insistencia cómo no llegó su familiar a recogerle al centro de día cuando aún quedan varias horas para la salida o, ponerse la chaqueta con excesiva antelación a salir por estar convencido de que es inminente. 
  • Dar la sensación de que vive de manera permanente anteriormente, dada la vinculación entre la percepción del tiempo y las funciones de la memoria. 

Sugerencias para reducir el impacto de la desorientación temporal

La asistencia que la familia y los cuidadores tienen la posibilidad de ofrecer frente a las adversidades de orientación temporal dependerá de la fase de la enfermedad y, por consiguiente, de la gravedad de los síntomas. Estas serían unas sugerencias ajustables a fases iniciales o leves

  • Procurar que la persona tenga a la visión enormes o interesantes relojes o calendarios
    • Se puede, por servirnos de un ejemplo, tachar precisamente los días pasados en un calendario para que el primero que quede a la vista sea el actual.
    • Es esencial facilitar la lectura de los relojes, por servirnos de un ejemplo, en los digitales, empleando la función de enseñar las horas en formato de 12 horas y no de 24 horas, para evitar la necesidad de llevar a cabo la conversión (o sea, que las 16 horas son las 4 de la tarde). 
  • Puede ser realmente útil utilizar alarmas enlazadas a recordatorios.
    • En una fase incipiente, la persona puede valerse de las utilidades que dan varios teléfonos móviles inteligentes, que dejan poner notas socias a alarmas (si bien quizás necesite asistencia para su programación). No obstante, asimismo se puede emplear un reloj-despertador, poniendo sobre él una nota adhesiva que la persona va a ver cuando suene y vaya a parar la alarma. En esa nota se indicará qué debe efectuar en ese instante (por ejemplo, “Tomar la pastilla azul” o “Llamar a Maribel”). 

A medida que la enfermedad progrese, los relojes y calendarios van a dejar de cumplir su función como elementos facilitadores de la orientación temporal. Los familiares y cuidadores tienen la posibilidad de verse en ocasiones superados por constatar los graves errores temporales que puede cometer su individuo cercano.

No obstante, corregirle y recordarle todo el tiempo el día o la hora actual no solo no va a ser efectivo, sino que será una fuente adicional de desgaste para nuestro cuidador y de posible irritabilidad o desasosiego para la persona con Alzheimer. Es considerablemente más conveniente emplear formas indirectas, si se considera oportuno, de recordarle sutil y amablemente el día o momento en que nos encontramos. Por ejemplo: “¡Mira qué día mucho más maravilloso hace hoy lunes!”, o “Como ya es media tarde, en un rato saldremos a dar un paseo”. Somos nosotros quienes hemos de trasladarnos a su realidad y realizar un esfuerzo por entender su situación. 

Por norma general, en todo el proceso de la patología, la estructuración del día a día y el mantenimiento de rutinas que den orden y organización al día, son enormes socios para achicar el encontronazo de los inconvenientes de orientación, así como de otros síntomas cognitivos y conductuales de la enfermedad. 

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